Los videojuegos son peligrosos
Al final voy a tener que dar la razón a quienes dicen que los videojuegos crean una visión distorsionada de la realidad a algunas personas.
Por lo que está sucediendo en los últimos tiempos, me temo que quienes dirigen las grandes empresas, bancos y gobiernos han sido grandes jugadores de videojuegos. Me explico.
Como muchos de vosotros, yo también me he pasado unas cuantas horas matando marcianos o luchando contra los nazis. Primero en un bareto con los colegas y luego en la comodidad del hogar. A pesar de todo ese tiempo invertido, mi nivel no ha pasado de mediocre (y eso siendo generoso). Pero me he divertido y creo que soy capaz de entender que lo que ocurre en la pantalla no es real.
En la vida cotidiana no tienes varias vidas ni hay botiquines tirados por las esquinas. Si te joden te joden bien y hace daño de verdad.
En un videojuego cuando matas un fantasma o un monstruo terrible en la última fase, sabes que en realidad no muere nadie.
En una máquina de bar sabías que si te quedabas sin dinero, podías intentar convencer (sin éxito) a tu padre para que te diese cinco duros para echar otra. Pero en la mayor parte de los casos (por no decir siempre), sabías que la diversión se había acabado.
De ese modo fuimos entendiendo que lo que ocurría en el monitor no tenía nada que ver con lo que había al otro lado.
Pues bien. Resulta que todos los frikis que han sido incapaces de entender esa sencilla lección son quienes nos gobiernan, dirigen nuestras empresas y controlan nuestras vidas. Y ahí está el problema. Resulta que nosotros no somos virtuales, somos reales.
Cuando se despide a miles de personas por la incompetencia e imprevisión de quién “juega”, no se trata de marcianitos, ni naves extraterrestres. Son seres humanos.
Cuando se reestructura una empresa no se trata de colocar bloques de colores como en el tetris.
Cuando pierdes, pierdes de verdad, con todas las consecuencias y sufrimientos. No hay vida extra, al menos para quienes dependen de tu supuesto buen hacer y por el que te pagan un dinerito muy importante.
Pero al parecer sí hay una lección que yo debí aprender mal. Cuando la cagas, cuando pierdes, cuando te matan, al parecer si que hay un “Papá Estado” o un “Colega Estado” que te da cinco duros o cinco mil millones de duros (que no son suyos) para que sigas jugando. Aunque seas un mediocre y aunque tengas que quitárselo a otros que lo necesitan más.
Quizás tengan razón, y los videojuegos son peligrosos, para algunos. Por eso lo mejor es empezar a jugar al solitario o en red pero no a convertirte en un personaje virtual.
Ha llegado el momento de tratar de conseguir alcanzar tu mejor marca, tu Marca Personal y no ser un muñequito en manos de un incompetente e irresponsable.
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Hoy voy no sé si de cínio o de inocente:
¿Crees que la gente que llega a dirigir esas grandes empresas de "marcianitos", llegan al poder precisamente por que no diferencia el "jugar" con las personas? ¿o que es al reves, que tras un tiempo ahí arriba luego ya solo ven cifras, jugadas en bolsa, movimientos de poder,…?
¿podría alguien dirigir una gran empresa sin preocuparse del juego, o al menos más por las personas que conforman la partida?¿no rompería la baraja actual con la que juega el sistema?
Joserra, quizás con algunos directivos, dirigentes y gobernantes deberían hacer como en los videojuegos, poner un sello que indique que ese "juego" no es recomendable para ellos… ni para los que lo sufren.
Yo trabajaba en una gran consultora que trabajaba con grandes clientes. Las reducciones de 200-300 ó 500 personas estaban a la orden del día en 2001-2002. Siempre me alarmó que sólo se trataran como números y rara vez se hablara de las personas. Aunque en muchos casos habían sido tus compañeros de proyecto o tus interlocutores en el cliente.
Ahora trabajo en una empresa mediana. Por desgracia, también hemos tenido que reducir algunas personas. Pero se sabe el nombre, donde vive, sus circunstancias personales y, cuando se puede, se ayuda hasta lo razonable. Se han reducido jornadas de personas para que ninguno sobrara, se han reubicado…aún así, a veces no hay más remedio. Pero, y quizás me autoengaño, me gusta mas esta situación en que se piensa en el nombre de la persona y no sólo en el número.
Aunque es verdad que el número es mucho más aséptico y menos doloroso.
De lo que venga otro a pagarte la partida con el dinero de los demás, mejor ni hablamos.
Quien llega a los puestos de alta dirección ya habrá tenido ocasión de demostrar que, llegado el momento, o incluso antes de que llegue, sabrá ser implacable; de otro modo se habría quedado en el camino, por blando.
Lo del dinero que ahora aparece a raudales para dárselo a las empresas, es, sencillamente, obsceno.
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