Marca Personal o el derecho a ir como te apetece

Hace unas semanas escribí un post hablando sobre la relación entre la forma de vestir y la Marca Personal. Ese post generó un pequeño debate entre gente a la que aprecio (Antonio, Rafa, Raúl, etc.) y mucho más lista que yo y me di cuenta de que el planteamiento que hice era erróneo.

Mi intención no era defender el traje o la camiseta sino reflejar el hecho de que en los ambientes más asfixiantes estás obligado a presentar un aspecto determinado y rígido. Y eso se aplica a una gran empresa de consultoría, a un régimen totalitario o a una tribu urbana.

En los que debatieron sobre el tema, había dos posturas encontradas. Los que jamás irían con traje y los que están encantados con él. No son incompatibles. Mi obsesión no es el tipo de “envase” con el que te envuelves sino la LIBERTAD de elegir tu aspecto.

Creo que a nadie se le van a caer los anillos por llevar corbata y no va a suponer una traición a sus valores, pero es importante sentir que puedes escoger.

Creo que la lección que hay que sacar de todo esto es que la posibilidad de presentar un aspecto “diferente” al que espera tu entorno es una posibilidad que pocos tienen. Solo aquellos que son reconocidos como necesarios o incluso imprescindibles pueden vestir como les apetece. La posibilidad de romper con los estándares establecidos es algo que refleja tu valor en el entorno.

Cuando eres el único que puede satisfacer una necesidad o tu valor percibido es grande (la cuantía va a depender del entorno), puedes escoger tu aspecto, tu comportamiento o incluso ciertas extravagancias.

La posesión de una Marca Personal deseada te va a permitir tomarte ciertas licencias en asuntos en los que normalmente no puedes escoger.

Foto vía no puedo creer

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Comentarios

  1. dice

    Eso de mucho más listos que tú lo dirás tú, porque al menos en lo que a mí respecta, discrepo profundamente y eso es poco habitual ;-)

    Respecto al resto de la entrada, creo que queda clarísimo y en esto sí que estoy de acuerdo. De hecho, recuerdo cómo hace ahora justo un año fui invitado a una fiesta por la boda de una amiga mía en Sotogrande, con mucho glamour, de esas a la que se va de smoking (que por cierto el NH donde estuvimos dio para una entrada ahora que me acuerdo).

    Recuerdo como uno de los invitados era Garrigues hijo (aunque tenga más de 60 años) y mientras un servidor y sus amigos íbamos de riguroso negro y por ende, de alquiler y con pajarita falsa (de las que tienen el nudo hecho), este señor llevaba la americana del smoking roja. Pero no burdeos, no. Roja, roja.

    En eso momento el pensamiento fue: si yo aparezco con un smoking con chaqueta roja soy, un gilip…s, si lo hace él, es porque es Garrigues Walker!

    Está clarísimo, ¿no? De todos modos, y no es el caso, pero sigo creyendo que por mucha marca personal que uno tenga, no implica que no tengamos que respetar al prójimo. Y a veces la forma en la que nos vestimos es un reflejo del respeto que sentimos hacia quien visitamos o lo que representa.

    Saludos,
    Antonio.

  2. dice

    Como también comenta Antonio, disiento mucho en lo de "mucho más listos que tú". En todo caso, creo que tu post lanzaba la disyuntiva y algunos "entramos al trapo" para evitar generalizaciones, como tú has aclarado en este post.

    Me encanta el párrafo de "Cuando eres el único que puede satisfacer una necesidad o tu valor percibido es grande…, puedes escoger tu aspecto". Me recuerda una batallita de mis principios en consultoría, que hasta ahora no había analizado desde este punto de vista.

    Al principio, camisas lisas, casi siempre blancas: "indistinguible". Era uno más. En algún momento, mi papel y/o mi aportación cambiaron. Y lo hicieron mis camisas. No sé qué fue antes o cual fue la causa y cual el efecto.

    Pero recuerdo que, algunos de los viejos del luegar, me preguntaban por esas camisas de cuadros o rayas…Si yo podía liderar un equipo y dar resultados, podía elegir mis camisas.

    Sin querer volver a la polémica, seguro que esto es poco significativo para los que están en el lado de "las camisetas"; pero no tanto para los que están en el "ambiente rígido" del segundo párrafo.

    Nunca lo había visto así, pero ahora me resulta curioso ver como coincidieron en el tiempo esas dos situaciones.

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