Manual de Marca Personal Mi modelo ADN de Personal Branding
MARCAPROPIA
El primer blog de Marca Personal ("Personal Branding") en español
28 octubre 2007
No hay excusa para no dar la cara
Hace unos años, Peters hablaba de Management by Wandering Around. Mi tesis en el artículo de este mes para AEC es que actuamente deberíamos hablar de Management by Wandering Around THE WORLD.
El problema, como vengo diciendo ultimamente, no es técnico sino humano. Creo que las cosas han cambiado en muchos sentidos desde los años 80. Sin embargo, los españoles parece que seguimos teniendo muy desarrollado un sexto sentido, el sentido del rídículo que nos impide hacer nada que se salga de lo normal. No como otros...
De nuevo los complejos, los miedos y la vergüenza nos frenan y evitamos hacernos visibles y notorios. Aquí tenéis el artículo por si quereis conocer mi opinión.
Eres el colmo del buen estilo crítico: Meter el dedo en la llaga y a urgar, todo en uno!
El sentido del ridículo que comentas, uno de los más inútiles y "atrasados" que tiene el ser humano, y sin embargo tan común en este país, que auna instinto de conservación y de mínima energía, con el principio de Peter y el de "que inventen ellos".
En definitiva un cúmulo de despropósitos, o peor aún, sinpropósitos, y que cuanto más les pisotean los derechos menos luchan por ellos: suben los objetivos de ventas una barbaridad% y bajan las comisiones otro% y aquí nadie protesta, porque la hipoteca del "ahorro" familiar hay que pagarla, y las facturas, y las vacaciones, y la pantalla plana, y... Y esto es verídico.
Y es que hace ya mucho se dieron cuenta que el que menos arriesga es el que cree que tiene más que perder, y la clase media engordó que ya no la conoce ni la madre que la parió. Hasta que se dé cuenta que su casa pertenece al banco, sus hijos a la videoconsola (no tiene tiempo para ellos), y sus horas a la empresa, también la de su pareja que trabaja, fuera o en casa para ellos.
Como dijo aquel loco en un momento de cordura: "que paren el mundo que aquí me bajo". Mientras el resto atemorizado alaga al emperador pues lleva un vestido muy bonito, fresco eso sí.
No puedo estar más de acuerdo contigo, Andrés. Como no tengo mucho tiempo, pego unos párrafos de mi libro en los ue puedes comprobar por qué lo estoy, aunque ya lo comprobaste...:
"...a la mayoría de las personas les cuesta mostrarse como son cuando cruzan el umbral de su empresa, con la misma naturalidad con que lo harían cuando están solas, en sus casas, con su gente; es raro que nos enseñen su lado amable y espontáneo. Se juega a ser el empleado o el líder eficiente. Se pone uno la careta del trabajo, y se deja fuera la propia. Se ofrece un semblante preocupado, temeroso y educado (en el mejor de los casos). Esto sucede porque los humanos necesitamos estar integrados en algo, y se toma el entorno de la empresa, del trabajo, aquel en el que pasamos más horas (siempre he pensado que demasiadas, si analizamos la levedad de nuestra vida), aferrándonos a él para formar parte de una comunidad, para darle un “sentido” a nuestro día a día. Y sí que es cierto que en el trabajo se puede sentir uno muy pleno, sobre todo cuando lo que haces coincide con lo que te apasiona, pero aún más si se cuida el respeto, la armonía y la humanidad de las relaciones, porque, a fin de cuentas, son precisamente las personas las que mejoran las organizaciones. Hay que cuidarlas. Puede que poseamos sobrados conocimientos profesionales y académicos, pero no hayamos ejercitado la inteligencia emocional y actuemos permanentemente guiados por el miedo. El afán por mantenernos en el poder, por ser reconocidos por los que se sitúan en un nivel profesional superior, y por aferrarnos a lo material puede conducirnos a que nos olvide lo que realmente somos: personas; nos hace insolidarios y distantes, y digo nos hace, porque, probablemente –o con toda seguridad– en la mayoría de nosotros haya un excelente fondo, lo que ocurre es que escalar puestos, recorrer medio mundo y hacer tratos con cientos de personas no nos proporciona la conexión y el viaje más efectivo: el que emprendemos hacia nosotros mismos. En todo caso, nos olvidamos de lo fundamental, que la dignidad hacia uno mismo abre las puertas de los más insignes despachos. Atreverse a ser honestos, a compartir, colaborar y querer a los que te rodean a diario es más que suficiente para triunfar, porque el trabajo es parte de la vida, no es un paréntesis, y las consignas, los comportamientos y las actitudes que nos hacen ser felices fuera de él, son igualmente válidas en él".