Un Coffee Shop y dos Noriegas
Hace unos días vi un anuncio en la tele que me recordó una lección básica del mundo profesional que aprendí hace unos años. Afortunadamente no la viví en primera persona.
Como todos los años un grupo de Jefes de Producto de la empresa a la que pertenecía fuimos a la mayor feria de fabricantes de Marcas Blancas, la PLMA que se celebra en Amsterdam. Solíamos estar dos días y aprovechabamos la noche para darnos una vuelta por aquella ciudad de pecado.
Yo que con una caña, ya me caigo redondo, nunca me interesé en probar nada más fuerte. Sin embargo, siempre había algunos colegas más jóvenes que tenían más curiosidad. Nunca pasaba de un juego inocente hasta que un día a una de esas personas, alguna seta mágica o Dios sabe que, le produjo un efecto inesperado.
La que hasta ahora era considerada una persona responsable y muy competente dió un espectáculo poco edificante. Esta persona que había construido una Marca Personal modélica, ya no pudo separarse de aquel “desagradable pero aparatoso desliz”.
Yo no asistí a la escena, y ahí está la gravedad, a pesar de haberse producido en un pequeño grupo, rapidamente se extendió la noticia, corregida y aumentada, por toda la empresa. Meses después dejó la compañía, aunque esta no fué la única razón y nunca dejó de hacer su trabajo con la maestría habitual.
Lo que quiero decir es que en el mundo profesional, todos los aspectos son importantes a la hora de crear una marca. No se puede fallar, no hay espacio para errores ni segundas oportunidades. Una escena en la copa de fin de año o un comentario inoportuno delante de personas poco adecuadas, pueden hacer más daño que un cliente perdido.
Y ahora viene la segunda parte de la historia, con la que me da la sensación de que no me voy a ganar demasiadas amigas. Pero creo que viene a cuento precisamente porque en este blog he hablado en muchas ocasiones de la que yo considero superioridad de las mujeres y también de lo que detesto la manipulación. Especialmente si es tan burda como la que voy a comentar.
Hace unos días escuché en la tele las siguientes palabras profundas expresadas con gran solemnidad:
Pensé, es genial, parece que no soy el único que habla de pensar por nosotros mismos y de evitar que nos manejen. Parece que, empezamos a ser conscientes de que es mejor evitar hacer lo que otros nos dicen.
Unos días después pude ver el anuncio del que surgían esas palabras. Y me encuentro a un “guapo” cinematográfico ibérico que tras hacer esas reflexiones tan profundas, va, se despelota y se va corriendo enseñando el culo.
¿Es esa una de las ocasiones en las que “todos tenemos que actuar por exigencias del guión”?
¿Es una de esas ocasiones en las que “haces realmente lo que te gusta”?
¿O es que la parte final del anuncio es la que refleja que “eres tu mismo”?
Había oido hablar de un Noriega al que llamaban Cara de Piña y que era una marioneta en manos de otros. Sin embargo, hasta hace unos días no había conocido al que a partir de ahora será su sustituto, aunque en vez de Cara de Piña habrá que llamarle de otra manera. Me ahorro lo que pienso porque el chiste sería demasiado facil.
Si hay algo que me pone frenético es que nos traten como idiotas. Personalmente me da igual lo que haga la gente para ganarse la vida, pero me repatea que la gente haga lo contrario de lo que predica para ganarse unos euros. Y luego los de la farándula y los expertos en marketing se quejan de que la gente no se fía de ellos…
Cuando a un mago le ves el truco, sonries. Cuando se lo ves a un marketiniano, te mosqueas. ¿Cuando se darán cuenta de que lo peor que le puede pasar a una marca es que se base en la falsedad? Y cuando se trata de una Marca Personal, ni te cuento.
Posiblemente la prometedora carrera del Noriega más joven quedará marcada por este anuncio intrascendente. Dará igual lo que haga, siempre se le recordará por el anuncio en el que mostraba el trasero. Un poco triste y un error de principiante.









La anécdota de la primera parte me recuerda porqué no se debe emborrachar uno en una comida de empresa. ¿Tan difícil es entender que es trabajo y no una fiesta con amigos?
En cuanto al anuncio, me parece una solemne tontería -como tantos otros-, pero no creo que afecte a la imagen de Eduardo Noriega más allá de ser un actor que vende su imagen para hacer anuncios.
La frase -a la que casi nadie prestará atención- queda dentro del anuncio, con el desnudo posterior. No es algo con lo que se identifique a Eduardo Noriega fuera de la pantalla, no es parte de su marca personal.
Por cierto, una pregunta. ¿Un actor no debería ser por definición ajeno a la marca? ¿Tener marca no es estar encasillado? Obviamente, no me refiero a aspectos ajenos a la profesión, como defender el fin del maltrato a los animales -para luego aparecer con un abrigo de visón-.
Evidentemente el anuncio es una tontería que demuestra que la competencia está haciendo mucho daño a los chicos de Schweppes.
Creo que el anuncio no hará mucho daño a Noriega porque no creo que la carrera de este actor vaya a ir mucho más lejos. No por él, sino por la estructura de nuestra industria cinematográfica. Pero tampoco le va a hacer mucho bien a un actor que ha tratado de hacer películas "serias" y de calidad.
Sin embargo, creo que la frase está asociada con él de manera consciente. Este actor nunca ha ocultado sus valores progresistas. En el anuncio no aparece como un figurante sino como él mismo.
En cuanto a la marca y los actores. Creo que una cosa es el papel que interpretan y otra su marca como personajes públicos.
Evidentemente Anthony Hopkins no es Anibal Lecter. Sin embargo la Marca Personal "Anthony Hopkins" es la de un actor serio, profesional, maduro, inteligente y que elige bien sus papeles.
Y sí, una marca implica un encasillamiento desde el momento que eliges un nicho de mercado y eliges tus atributos para adaptar tu "producto" a sus necesidades. Pero como decía el otro día, ya que el encasillamiento o el etiquetado es inevitable, al menos debes ser tu el que tomes la iniciativa.
En conclusión, la iniciativa de Noriega puede darle notoriedad pero posiblemente no sea la más apropiada a su mercado.
Respecto a la anécdota de la primera parte coincido con Jaizki en que, por desgracia, cualquier acto con gente de la empresa es un acto "oficial" y no una farra con los amigos.
Esto me hace pensar en el problema que te puede traer una marca personal "artificial". Me refirero que la marca debe ser coherente contigo mismo, con tu forma de ser y actuar. Si no es así, en cualquier instante, por cualquier desliz puedes desmontar todo el trabajo de haberla creado.
Osea, creo que la marca personal debe reflejar en su mayor parte cómo soy y no como quiero ser.
Salvo mejor opinión…
Enrique, creo que desarrollar una marca, o hacer cualquier cosa que merezca la pena en esta vida, tiene un precio. Lo importante es que ese precio no sea excesivo.
Si tienes una marca fuerte, "los deslices" son más fáciles de perdonar. Si no la tienes, porque por ejemplo llevas poco tiempo en la empresa, corres el riesgo de ser "etiquetado" por algo anecdótico.
En cuanto al desliz tipo "Copa de Navidad", no creo que a nadie le suponga un esfuerzo terrible el mantener un poco el control. Si alguien siente que sus principios y valores le obligan a montar el numerito o siente que está siendo incoherente con su marca, entonces es que algo falla (él o su mercado) y es el momento de hacer algo.
En cualquier caso, la máscara no se puede mantener eternamente y antes o después sale la persona que tenemos dentro. Por eso, creo que una marca personal no se crea, se descubre
Lo que le faltaba a la marca del chico, me entero en el blog de Javi Moya de que el culo del anuncio no es el de Eduardo Noriega.
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